Artiés: pequeña joya del románico pirenaico

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España presume orgullosa -y con razón presumo yo…- de interesantes rincones llenos de magia a lo largo y ancho de su territorio. Historia, cultura, leyendas, gastronomía, arquitectura o actividades deportivas atraen a nuestro país a gentes de todo el mundo.

Andorra es un pequeño principado soberano (desde 1814) entre Francia y España. Es una pequeña gema enclavada entre montañas y entre sus destellos merece especial mención la localidad de Artiés  que, desde mi punto de vista, es una parada obligada del Valle de Arán. Aparte de su elegante y cuidado estilo arquitectónico tradicional pirenaico, se encuentre rodeada por altitudes considerables, entre las que destacan el Mauberme (2.880 m), el Montardo (2.830 m), el Barlonguèra (2.802 m) o el Baciver (2.644 m).

Se halla en un estratégico enclave de paso entre polos tan atractivos como Baqueira Beret o el Parque Nacional de Aigüestortes, pudiéndose disfrutar en su entorno privilegiado de actividades como el rafting, la escalada, los paseos a caballo o la pesca.

Para los amantes de la historia y la gastronomía, destacar dos elementos singulares: el Parador Nacional Gaspar de Portolá (en un espléndido edificio de los ss. XIV-XV, de singular trazado aranés y que fuera casa de don Gaspar de Portolá, (militar catalán al servicio de España que explorara y gobernara Las Californias en la segunda mitad del s. XVIII), con sencillas pero cómodas habitaciones y un excelente servicio de restaurante, y la magnífica iglesia románica de Santa María de Artiés (ss. XI-XIII).

Sus fiestas patronales (Festes del Foc – Fiestas del Fuego, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad desde 2015) se celebran durante la noche del solsticio de verano, cuando lugareños y forasteros bajan de la montaña con antorchas, dulces y vinos entre cantos y bailes folclóricos tradicionales. Imaginaos qué espectáculo…¿alguien se apunta el próximo año? 😛

 

 

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Boston – la cuna de una nación

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Ubicada en la costa atlántica del país (estado de Massachusetts, epicentro económico y cultural de la elitista región de New England), es considerada como la ciudad “madre” -fundadora- de la nación, donde todo comenzó… Levantada en 1630 por los “peregrinos patriarcas” (es una de las urbes más antiguas de los Estados Unidos), en ella conviven la opulenta modernidad del poderoso distrito financiero con barrios tradicionales donde se respira el glamour (verdadero), la sencillez y la solera locales. Es una ciudad bien trazada y fácil de recorrer. Callecitas angostas y construcciones de ladrillo le dan un familiar y clásico aire europeo. Nada que ver con megalópolis tipo New York… De hecho, Boston tiene una población de 600.000 habitantes, lo que supone 1/13 parte de sólo el distrito de Manhattan. Repito: nada que ver…

Y su población, tampoco: sencillez y educación muy alejados de la hoguera de las vanidades y de la vulgaridad asociadas con el supuesto glamour (…) que da el dinero en otras ciudades. Y no será porque aquí no haya: tras la guerra de la independencia contra la metrópolis británica, Boston se convirtió en un puerto internacional sumamente próspero, gracias a su larga tradición marinera y mercantil. De esta época arranca también la consideración de las familias más eminentes de Boston como entre las más destacadas de la élite social, política, cultural, artística y financiera de la nación, a los que se ha venido en denominar Brahmanes de Boston. Los Kennedy, por ejemplo, son oriundos de aquí. Característico, de hecho, es el acento bostoniano, considerado entre los más prestigiosos y refinados del país.

Entre sus atractivos turísticos os recomiendo -como no- el Freedom Trail, que a lo largo de 4 kilómetros recorre 16 sitios de interés, muchos de ellos relacionados con la época de la revolución, tan difundida por la televisión y el cine que mucha gente sabe más de ella que de la historia de sus propios países (…). Comienza en el Boston Common (parque que adoro y donde antaño estuvieron acuarteladas las tropas británicas, entre 1775 y 1776) y termina en el monumento a la batalla de Bunker Hill (Charlestown), pasando por lugares históricos (escenario de episodios como el Motín del Té -Boston Tea Party- o relacionados con el movimiento abolicionista), curiosos y con encanto tales como la librería más antigua del país, el Árbol de la Libertad, la casa del patriota Paul Revere (el edificio más antiguo que sigue en pie) o la Old State House, donde se realizó la primera lectura pública de la declaración de independencia (18 de julio de 1776). Os recomiendo igualmente que os abandonéis a las compras en Faneuil Hall, visitéis su bonita Biblioteca Pública o que deis un tranquilo paseo por la zona del North End (donde está Little Italy), la parte más pintoresca -en mi opinión- de la ruta.

Inexcusable el deambular por el distrito más bello de la ciudad, donde no faltarán rincones ni momentos para inmortalizar: el Downtown. También os recomiendo visitar el campus de la cercana Universidad de Harvard (en la vecina Cambridge), la institución de enseñanza superior más antigua y una de las más prestigiosas de los Estados Unidos y del mundo.

Y para los más peliculeros, un brindis en Cheers, el bar que dio a conocer la famosa serie de los años 80’, aunque no difiera en nada de otros clásicos de la ciudad, incluso más auténticos y “puristas”. A destacar, en cuanto a la gastronomía bostoniana, la cocina basada en el marisco (oysters, etc.) y en la orientación a los productos del mar.

Cheers! 😛

 

Las Vegas – Nevada

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Siendo, en principio, la visita que menos me atraía de mi periplo por la costa oeste de Estados Unidos, he de reconocer que Las Vegas (conocida también por Sin City, “La Ciudad del Pecado”) me ha sorprendido gratamente; es un mundo aparte… Estoy completamente de acuerdo también en eso que dicen de que es como un gran parque de atracciones para adultos.

Es la ciudad más grande del estado de Nevada y fue (re-)creada (a partir de un asentamiento español del s. XIX, de ahí su nombre) en medio -literalmente- de la nada a partir de los años 40’ del pasado siglo, a iniciativa de la mafia (gángsters como Bugsy Siegel, primer dueño del famoso Hotel Flamingo).

Cómo no, su otro sobrenombre de “Capital Mundial del Juego” se entiende nada más bajar del avión. Aunque bastante ruidosa y un poco kitsch (hortera, vamos) en algunos aspectos, también tiene bastante glamour, lo que ha hecho que sea escenario de numerosas películas y series televisivas. Lujo, diversión, colorido, belleza, dinero y una puesta en escena genuinamente americana, han hecho desde siempre las delicias del famoseo, de la gente forrada y de los visitantes anónimos de este gran espectáculo, creando un mundo paralelo a la realidad cotidiana, a menudo amenizado por estrellas del corte Elvis Presley, Frank Sinatra o Tom Jones.

A lo largo de la avenida “Las Vegas Boulevard” se hallan los hoteles top, interconectados entre sí. Derroche de medios y asombro en el interior de todos ellos, en los que no podían faltar espléndidos casinos atestados por un público mayoritariamente varonil. Allí también probaría suerte yo, modestamente y sin fortuna. Al blackjack, el póker, las tragaperras o la ruleta le acompañan igualmente las tiendas de lujo, con precios fuera de alcance para el común de los mortales. Opulentos restaurantes, deslumbrantes espectáculos de variedades  junto a fuentes que bailan al son de la música y el color, completan el panorama para gastar y gastar sin medida. En mi caso, uno de los caprichos fue el restaurante “Sinatra” (cocina absolutamente deliciosa) del Hotel Encore Resort. El espectáculo elegido fue la insuperable puesta en escena de “O” –Cirque du Soleil-, en el archiconocido Hotel Bellagio. (Es la tercera vez que disfruto un show de Soleil y cada vez me dejen más atónita).

Fugaz pero muy, muy intensa: así fue mi visita a la Second Chance Capital (“La Capital de las Segundas Oportunidades”), esta ciudad de las candilejas, el lujo, el variopinto gentío, el capricho, el vicio y la diversión, que casi cayó de rebote como premio añadido al verdadero objeto de la visita a esta zona: el Gran Cañón y el Valle de la Muerte.

 

 

 

Yosemite Valley: una visión del mito…

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Yosemite National Park presume de fama internacional, de sobra conocida por los amantes de la montaña, especialmente los escaladores. Quizá, por eso mismo, esperaba un entorno aún más espectacular y de mayor envergadura.

Ya de entrada, la perspectiva de aventura se disipa un poco en los accesos: una carretera al uso circunda todo el entorno y se ramifica, permitiendo a los visitantes hacer las oportunas fotografías de rigor. Desde las zonas de aparcamiento, además, se pueden realizar pequeñas rutas o paseos que -imaginad el impacto visual…-, para variar, suelen estar asfaltadas. (Así, no me extraña que el cliente norteamericano estándar “sufra” más de la cuenta en las rutas de senderismo de los valles de la vieja Europa). Para que os hagáis una idea: uno de los tracks que hice era un tramo de asfalto (que, por tanto, ya ni es una “pista” siquiera) que ascendía 600 m de desnivel, con lo que dudo mucho que nuestra querida Heidi hubiera podido deambular por aquellas colinas sin machacarse la espalda. ¿¡Caminos asfaltados de montaña!? No es la primera vez -ni siquiera la segunda…- que los veo en USA y, sin embargo, la verdad es que no me lo esperaba también en Yosemite, y menos de forma generalizada.

Qué duda cabe que es un referente con grandes encantos, con dos grandes activos como son El Capitan y el Half Dome, bellezones de la naturaleza que ofrecen un hipnótico atractivo sobre todo a los freaky-climbers. Quizá si mi único objetivo hubiera sido acariciar su granítica piel, el post sería diferente y escrito por mis pies de gato (…), dándome más “igual” lo que os estoy contando, pero no era el caso.

Es un lugar muy bello, en cualquier caso, como tantos valles de montaña a lo largo y ancho del mundo, pero -al menos para mí- no para tanto como el marketing yankee nos intenta vender, como suele ocurrir con demasiada frecuencia con todo lo suyo en general.

Os dejo, no obstante, el post del blog de YokmoK -escrito hace unos días- donde se reflejan otras realidades más hermosas, algunos datos técnicos, posibilidades y, obviamente, una perspectiva más neutra.

http://www.yokmok.com/blog/2017/02/22/yosemite-en-las-tierras-ahwahneechee-del-oso-negro/

Seattle: del Pacífico a la Cordillera de las Cascadas

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Para muchos de nosotros,  Seattle fue popularmente conocida gracias a la película “Algo para recordar”, protagonizada por Meg Ryan y Tom Hanks, titulada “Sleepless in Seattle” en Estados Unidos. Sin embargo, y aunque casi todo el mundo desearía subir al Space Needle para sentir algo de la magia de ese film, la ciudad nos ofrece otras muchas facetas y posibilidades para todos los gustos y bolsillos.

Seattle es la ciudad más grande del estado de Washington, en el noreste de los Estados Unidos. Se encuentra 155 kilómetros al sur de la frontera entre Estados Unidos y Canadá. Es el centro cultural, educativo y económico más importante de la región, ubicada en el condado de King. El área de Seattle lleva siendo habitada desde, al menos, 4.000 años, pero los primeros asentamientos europeos no se materializarían hasta mediados del siglo XIX. En 1853, Doc Maynard sugirió que el asentamiento fuese renombrado a “Seattle”, nombre del jefe de las dos tribus locales.

Es mundialmente famosa por ser la tierra natal de la música grunge (subgénero del rock alternativo también conocida como el “sonido de Seattle”) y de bandas que impulsaron ese movimiento a comienzos de los 90, como “Nirvana”, “Pearl Jam”, “Soundgarden” y “Alice in Chains”. Sus gentes también se caracterizan por la gran cantidad de café que consume, no siendo de extrañar que aquí se ubique el origen de cadenas de cafeterías como la archiconocida mundialmente Starbucks y otras como Seattle’s Best Coffee y Tully’s. Hay también muchos artesanos independientes tostadores de café espresso, de gran éxito.

Su posición geográfica es estratégicamente privilegiada. En verano, veleros y grandes barcos llenan su bahía, conocida como Puget Sound. En días despejados, las Montañas Cascade son visibles en el horizonte, hacia el este, y las Montañas Olímpicas emergen más allá del Canal, hacia el oeste. El pico volcánico nevado del Monte Rainier domina la vista hacia el sur. ¿Alternativas? Infinitas, tanto por mar como por tierra, todo depende de tus ganas, planes, tiempo y posibilidades.

 

Edmonds: aventura y calma en el Cinturón de Fuego del Pacífico

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La pequeña ciudad costera de Edmonds -fundada en 1890- pertenece al condado de Snohomish (Washington), en el extremo NO de los Estados Unidos de América. Situada a menos de una hora de Seattle, su enclave privilegiado -cercano a la frontera canadiense- permite realizar una magnífica escapada, desconectando así de la ensordecedora gran ciudad y de los ritmos acelerados tan propios del American Way of Life…

Edmonds es conocida por estar enclavada en un punto estratégico orientado hacia el océano pero también proyectado hacia pintorescas rutas a pie que discurren por los magníficos bosques que la circundan, tales como los parques nacionales (USA National Park Service) de Olympic, Mt. Rainier, Baker-Snoqualmie o North Cascades, cuyos hitos montañosos más sobresalientes son las cimas afiladas del Mt. Olympus (2.430m), el Glacier Peak (3.215m) y el Mt. Baker (3.300m). Todo ello enmarcado en el espléndido y sobresaliente entorno privilegiado de Cascade Range, una gran cordillera del Cinturón de Fuego del Pacífico que discurre desde la vecina Columbia Británica (Canadá) hasta el estado de California. En esta zona se produjo la brutal erupción del Mt. Saint Helens, en 1980.

Su puerto deportivo (Edmonds Marina) presume de asomarse a un pintoresco balcón natural que permite el disfrute de las bonitas playas que dan a las islas y bahías del intrincado Estrecho de Puget (Puget Sound). Por si fuera poco todo esto, los amantes de la vida salvaje quedarán maravillados con el frecuente desfile de focas, leones y elefantes marinos o, dependiendo de la estación, las maniobras de grupos de cetáceos tales como orcas, delfines, ballenas o cachalotes.

La variada y exquisita carta gastronómica (entre la que destacan el salmón del Pacífico y la conocida “king clam”, o almeja rey, una delicia para el paladar) también es muy apreciada entre los visitantes de la zona, contando con una amplia variedad de restaurantes de temporada para todos los bolsillos.

Navegar, bucear, caminar o, sencillamente, disfrutar y relajarse, constituyen la oferta que esta pequeña y cautivadora ciudad ofrece entre el bravo Pacífico y la quietud de la Cordillera de las Cascadas. Una vez más, todo es cuestión de tiempo, gusto y posibilidades… What else? 😉